En este blog pretendo dar a conocer la mayor parte de mis escritos, publicados en prensa y revistas, libros, recursos didácticos,incluso relatos y poemas. También estarán presentes el mundo del Parkinson y los amigos.
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Antonio de Torre y Antonio Taqnarro. LA OTRA REALIDAD
CRÍTICA DE ARTE
La otra realidad
Fotografía. Antonio Torre y Antonio Tanarro. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 30 de abril.
JESÚS MAZARIEGOS
El día anterior a la inauguración, en La Alhóndiga, de la exposición de fotografías de Antonio Torre y Antonio Tanarro, decía el pintor sevillano Luis Gordillo que vamos hacia una sociedad virtual. Hemos pasado de ser hijos de Dios pasivos espectadores de la imagen mediatizada del mundo, no distinguiendo la realidad e ignorando dónde buscarla. Muchas personas pensarán que Torre y Tanarro, a diferencia del pintor que deforma y del escritor que imagina, como reporteros gráficos condicionados por su propio medio expresivo, no tienen otra opción que la objetividad y sus imágenes reflejan la realidad, sin que quepan la deformación o la interpretación.
Sin embargo, a medida que las imágenes de los reporteros de El Norte de Castilla refrescan y excitan mi memoria, constato cómo los hechos recogidos por sus cámaras emergen del recuerdo y adquieren solidez gracias a la tangibilidad de la imagen, mientras que el resto de las noticias se hunden irremisiblemente en las simas del olvido.
La imagen renacentista del mundo y la propia fotografía llegaron a hacer creer que su formulación ilusionista de la realidad era la representación objetiva del mundo. Cuando Antonio&Antonio miran por el objetivo, están condicionados por la profesionalidad que les obliga a retratar a un señor de oscuro en lugar de la muchacha de vaqueros que pasa. Pero les queda la libertad de elegir el ángulo, el momento y el gesto del retratado Eso sin mencionar la posterior selección a partir de las múltiples imágenes obtenidas.
Queriendo disfrutar de la observación de las magníficas fotografías, me fijé en la foto de la Subdelegada del Gobierno cubierta de escudos provinciales, llamando mi atención el fulgor del apuesto tuno que la acompaña y trayéndome a la cabeza una a antigua duda que siempre he tenido sobre los tunos. Pero, de pronto, me abordó un conocido (no diré amigo) de natural quisquilloso, de los que imaginan mil pequeñas maquinaciones en la vida diaria y no ven la gran operación neoliberal, de proporciones planetarias, destinada a volvernos a todos jilipollas. Me insinuó al oído su certeza de que gran parte de las fotos estaban manipuladas, lo cual demostraba que tanto Torre como Tanarro eran agentes, ya no de un cuarto poder, sino de un oscuro sector alternativo, alojado en los bastidores de los ejecutivos autonómico y provincial, e interesado en mostrar al común de los mortales una imagen sesgada, interesada y manipulada de la realidad segoviana en el año 1998, mediante la loa y la exaltación de los que ocupan los puestos de decisión, es decir, de poder.
Para mi imaginativo confidente, los indicios eran claros: Cómo interpretar si no, el hecho de que la primera foto del catálogo sea precisamente la del Presidente de la Diputación, sonriente y pletórico, enarbolando un premio amargo que otros no fueron capaces de digerir y que él endulzó y adornó con uno de los discursos más chispeantes que se recuerden en un político? cómo negar el benévolo tratamiento de la imagen del mismo político, presentado como donoso caballero -aquel de ministras abrigo- y chicarrón del norte, desafiando a cuerpo gentil al viento helado del Postigo? Yo le dije que, efectivamente, era del norte, pero, claro, lo de ... Y mi confidente seguía: cómo no admitir la evidencia de que, a la imagen de la socorrida ministra de Educación cuando acompañaba a los reyes, se la ha dotado de la de la misma expresión soñadora bella y soñadora de la figura central de La Visitación de Pontormo, y ubicando su rostro en el mismísimo colodrillo del Monarca? Y, en la misma fotografía, es evidente que no hay una explicación natural para ese inexplicable rayo luminoso, propio de encuentros en la tercera fase, que hace resplandecer al Presidente de la Comunidad Autónoma y lo enaltece, revistiendo su anodina figura de un fulgor sagrado reservado a las transfigura¬cio¬nes y confiriéndole un aire olímpico y jupiterino que deja ensombrecido al propio monarca.
Y levantando la voz más de lo que es prudencial: Un hábito manipulador y una intención oportunista e inconfesable ha llevado a estos dos moldeadores de la realidad a exclaustrar a dos religiosas con el único fin de resaltar con marco oscuro un anuncio hábilmente compuesto: OFERTA MES. SE RETRATA POR ENCARGO A DOMICILIO, y con pajarito incorporado. Nunca se vio un corporativismo tan descarado!
Yo empezaba a dudar cuando me dijo: Pero hay más! Se ha llegado al estalinismo fotográfico, a la manipulación física de las imágenes. Acaso no se ha agrandado desmesurada¬mente cavidad bucal del deportista que levanta la copa ganada por el Caja Segovia en el Pedro Delgado, con la clara intención de remarcar gráficamente el grito de triunfo y emular la roja redondez de la base de la copa? No me negará Vd. -insistía- que no se han desplazado los brazos del deportista, hacia la derecha, por cierto, hacia la derecha, con la innegable intención de no dejar fuera de la imagen al Delegado Territorial de la Junta y de dar una satisfacción al Senator que antes fue futbolista. Esto es intolerable! dijo mi conocido (sólo conocido) cada vez más exaltado.
Yo pensé, algo perplejo, que me parecía que estaba llevando demasiado lejos las diversas teorías de interpretación de códigos icónicos.
Y qué me dices de los mensajes subliminales de Antonio Torre y su posible lectura en clave sexual? No, si ya decía yo ... -apuntilló-. No me negarás el contenido marcada¬mente nupcial, familiar y hogareño, con aceitera incorporada, de la Ministra de Agricultura en el Parador. Y qué decir del insinuante erotismo axilar de Ángeles Barceló.
No pude resistir más y regresé a la foto la Subdelegada y el tuno, para mí, anónimo; foto y tuno aumentaban mi duda sobre si los tunos siguen en activo cuando acaban la carrera o si la bandurria les quita tanto tiempo que se pasan la vida repitiendo curso.
Miré de reojo y respiré hondo cuando vi que mi conocido abordaba sin piedad al subdirector del Museo Esteban Vicente al que saludó diciendo: José Manuel, ayer tuve que aclarar a un señor jubilado que, a pesar de tu apellido, no naciste en Buenos Aires!
Puse los ojos en blanco, sentí compasión sincera, pero mi instinto de supervivencia pudo más y continué la visita en solitario, reanudando mi primera reflexión sobre la imagen como nueva realidad y la realidad como imagen de sí misma. Admiré el fantasmagórico efecto del mimo, mágicamente agigantado por Tanarro y, cuando estaba memorizando la imagen, mi cerebro me puso el cartelito de desea reemplazar el archivo existente, decidí que la foto sustituyera a la vulgar imagen de la realidad que mi memoria guardaba, y pulsé sí.
Y seguí jugando con la realidad y la ficción, hasta confundirlas por completo. Así pude mantenerme sereno cuando leí lo de policía de proximidad, encontré tan natural que hubiera temas reiterativos como la autopista y la circunvalación, o cíclicos como la alternancia entre ganar-silencio y perder-protesta del mundo agropecuario. Me sentí muy lejos de la escenifica¬ción por y para ricos de la vida aventurera con apoyo logístico, y llegué a pensar que había pocas cosas tan verdaderas como los pucheros de Alfonso en Villaviciosa y en el gozo de Óscar en la fuente de Santo Tomás.
Salí a la calle y seguí hojeando el catálogo mientras recordaba que el pintor Fernando Sánchez Calderón descubrió que Segovia tenía muralla la noche que la vio iluminada desde La Lastrilla. Sin luz no hay imagen ni realidad visible. Topé con la hoja del cubo de muralla derrumbado, recordé aquello de miré los muros de la patria mía, y seguí recitando en silencio el soneto de Quevedo cuando, al pasar página, llegué súbita y amargamente a su último verso.
Decidí que la única verdad incontrovertible fuera que Ana Belén era una diosa, axioma avalado por la expresión de satisfecho arrobo de Miguel Ríos, consecuencia de su proximidad a la laica divinidad de la mujer de rojo.
Todo esto, aunque hubiera estado en todos los sitios, aunque hubiera podido recordarlo todo, no habría sido posible sin la contemplación de esas verdaderas creaciones conceptuales y plásticas que son las obras de Antonio Torre y Antonio Tanarro. Ellos son unos artistas de la imagen, no a pesar de su misión informativa sino en el propio fundamento de esa nobilísima arte. Ellos no utilizan los pinceles sino un instrumento mucho más complicado, ni más fácil ni más difícil de manejar, pero estoy seguro de que Rembrandt les habría cambiado, gustoso, la herramienta para poder seguir congelando sus propios tics en mil autorretratos más.
Sel Jiménez. AMOR Y GRATITUD
CRÍTICA DE ARTE
Amor y gratitud
Sel Jiménez. Trigo limpio, trigo sucio. La Alhóndiga, Segovia. Hasta el 19 de abril.
JESÚS MAZARIEGOS
Muchas veces, cuando escucho el discurso rancio y romo de los nacionalistas o com-pruebo la aversión al extranjero pobre, tan generalizada, me dan ganas de preguntar hasta qué siglo de la Historia hay que remontarse para justificar los llamados derechos históricos y hasta dónde hay que reducir y compartimentar el territorio del planeta para evidenciar las diferencias entre los seres humanos. Si de remontarse al pasado se trata, remontémonos hasta al Paleolítico, que allí no hay clases ni fronteras.
Desde el individuo, desde el propio yo hasta el género humano, hasta la Humanidad completa, sólo hay un paso que es la pertenencia a la especie. ¿Por qué hay quien se empeña en crear niveles intermedios -la familia, la ciudad, la provincia, la comunidad autónoma, la nación, la alianza de naciones-, si todos somos humanos? Si todos nos considerásemos ciu-dadanos del mundo ¿Dónde estaría nuestro enemigo?
Estas reflexiones elementales me surgen de la consideración de la personalidad de la artista segoviana nacida en Costa Rica, Sel Jiménez. Su actual exposición en las salas de la Alhóndiga, es una auténtica proclamación de amor a esta tierra áspera que la ha acogido, no sé si con suficiente calor. Sel Jiménez homenajea a la campiña cerealista que, al ritmo de las estaciones, se torna en mies, en rastrojo y en barbecho, muestra su admiración por el gran-dioso decorado estival de los campos, adornados por la geometría de los prismas y los cilin-dros que labran las empacadoras.
Mari Sel es frágil y se conmueve ante la fragilidad de los pájaros, de sus nidos, de los cardos que sueltan su pelusa, y se maravilla viendo cómo la condición endeble y amorfa de la paja se torna en potentes geometrías, en grandes sillares con los que construir efímeras murallas y en tambores con los que hacer altas columnas de templos sin dioses.
Pero bajo la claridad de los campos laten los miedos ancestrales, las amenazas incier-tas, los momentos oscuros de la vida, los días de sufrimiento y los recuerdos amargos. Yo veo esos miedos a las fuerzas oscuras en esos nidos abandonados que por un momento pueden verse como repulsivos arácnidos o como gigantescos ácaros. Pero es muy posible que tales fantasmas no habiten en los nidos que pinta Sel, sino en la mente de quien los mira.
Esta exposición es como un pacto de hospitalidad, una expresión de gratitud, un reco-nocimiento y una promesa, una declaración de amor. Quisiera que el retrato escultórico de Antonio Ruiz representara la actitud de muchos ciudadanos. Quiero también que Sel siga entre nosotros porque nos enseña a comprender muchas cosas, y quiero que estas palabras reflejen la voluntad de muchas personas.
Pintores oensionados. UN PAISAJE PARA EL PRESENTE
Crítica de arte
Un paisaje para el presente
Pintores pensionados del Palacio de Quintanar. La Alhóndiga. Hasta el 31 de agosto.
Jesús Mazariegos
Hay pocos acontecimientos en Segovia tan bien traídos, tan humanos, tan artísticos, tan refrescantes, tan auténticos y tan bien llevados, como la exposición que corona el curso de paisaje de los pintores pensionados del Palacio de Quintanar. En este barco del mar de la pintura que con tanto acierto gobierna su director, el pintor Ángel Cristóbal, y con tan buen entender cuidan las instituciones, han viajado 22 estudiantes de Bellas Artes que saben muy bien que lo importante no es el puerto de llegada, la exposición, sino el viaje en sí mismo, el fecundo fragmento de su vida que han pintado en nuestra ciudad.
Al ver la diversidad de sus propuestas uno se pregunta cómo debería ser el paisaje de hoy, el paisaje de la pintura moderna. Si, ‘paisaje’ y ‘pintura moderna’ pueden llegar a ser conceptos enfrentados, no cabe duda de que el rey de los géneros debe tener un sitio en la pintura actual. Ese paisaje de hoy, ni es un modelo único ni se puede formular a base de palabras. Sólo la pintura puede definirlo.
Está claro -y puede verse en esta exposición- que la herencia más común y de más peso en el paisaje actual es la del informalismo. El caso extremo de dominio de la abstracción lo interpreta magistralmente Leyre Solaberría. Silvia Martín pinta esculturas y David Murcia arquitecturas, pero los dos hacen un verdadero canto al ‘dripping’, de forma moderada la primera y más explícito el segundo.
En el extremo opuesto, el de la figuración académica y realista, estarían las perspectivas urbanas de Araceli Martínez o el realismo cotidiano de Ismael Fuentes.
Entre ambos extremos está el numeroso grupo intermedio en el que la figuración mantiene viva la herencia de la abstracción y su valoración de la fisicidad de la pintura. Aquí entrarían los paisajes suburbanos de Ismael Pinteño y los juegos de luz y perspectiva de Gorka García Herrera.
Alexandra Sans y Mª Ángeles Gomis (Medalla de Bronce), coinciden en expresar, a través de sus pequeños formatos, un discurso variado, coherente y honesto. Tania Castellano y José Luis Ceña son un buen ejemplo de equilibrio en este paisaje en el que los árboles no impiden ver la pintura. Betsabé Blanco y Paula Castelruiz hacen interesantes propuestas, la primera con arquitecturas algodonosas y vibrantes, y la segunda sometiendo las luces del paisaje nocturno al rigor ortogonal de sus pinceladas. Por último, Andrés Alonso Moutas (Medalla de Oro) modela y deforma la realidad con un fuerte expresionismo, al modo de los alemanes Werner Büttner o de Helmut Middendorf..
Al margen del esquema anterior, hecho en función del dominio de la herencia informalista sobre lo que entendemos por paisaje, está el aparente simbolismo de las obras de Jonathan Pizarro y el homenaje que Idaira Frugoni hace a dos tocayos tan distantes y distintos como Hopper y Úrculo. Aziza Alaoui se mueve entre la convención y el expresionismo a lo Kirchner, mientras que Silvia Viana se sitúa al borde del decorativismo. Gloria Domínguez hace una abstracción ni geométrica ni informal, con demasiados elementos. Joaquín Ruipérez y Alfredo Albero desconciertan, el primero por su convencionalismo y el segundo por poner el oficio al servicio de la afectación.
Fuera también del esquema general pero con un planteamiento original y un resultado brillante, está la obra de Ariadna Contreras (Medalla de Plata), una reflexión silenciosa sobre la ventana como frontera y como interlocutora con la luz y la naturaleza. Su pintura, la de Araceli Martínez y la de Idaira Frugoni, son las únicas completamente libres de las huellas informalistas y de empastes.
Pintores pensionados. IGUALES Y DIFERENTES
Crítica de arte
Iguales y diferentes
Pintores pensionados del Palacio de Quintanar. Pintura de 26 jóvenes artistas. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 31 de agosto.
Jesús Mazariegos
Querida Estefanía.- Una vez más me acojo a la forma epistolar porque, ante tu juventud casi adolescente, la carta me permite hablar como más de cerca, como con más compromiso de no caer en formulismos fríos y distantes.
Te escribo a ti porque me pareces frágil y sensible y creo que tu aparente fragilidad representa el perpetuo estado de las cosas. Tu estancia y la de tus compañeros en Segovia y vuestra pintura son una demostración de convivencia en la diversidad, porque procedéis de todas las comunidades y todos sois iguales y diferentes.
Estarás de acuerdo conmigo en que has tenido suerte de venir a Segovia a pintar con un director como Ángel Cristóbal, que no impone sus maneras y no se empeña en enseñar todo lo que sabe; suerte de estar al lado de esa persona tan cercana que es Pompeyo Martín y suerte con el personal del Quintanar.
Una cosa que todos los años me llama la atención, es la gran influencia que algunos profesores ejercen sobre sus alumnos pintores. Un caso extremo es el de la Escuela de Salamanca, patente en la gran semejanza que existe entre las obras de Iris Izquierdo y Magdalena Puente, con grandes superficies empastadas y rayando en la abstracción, muy apreciables por otra parte.
El paisaje de campo y montaña -aquí las ‘marinas’ son únicamente chicas con ese nombre- está representado por Raúl Domínguez Pazo, cuyos pinos están rodeados por una fuerza twombliana. Bárbara Fernández Abad posee la blanda calma neohoperiana de Gonzalo Sicre y Mateo Charris. José Manuel García Perera posee un verdadero poderío pictórico, bien visible su versión de Juan Bravo. Francisco Girbes juega con los formatos y la altura del horizonte. Ángel Luis González lo hace con los troncos y las sombras, en una potente monocromía. Óscar Hernández (Medalla de Bronce), por sus colores oscuros, recuerda a los paisajistas españoles de principios del siglo XX, aunque es mucho más suelto. Alberto Iglesias evoca al último Monet en sus acuáticas visiones de la alameda. Miguel Pang Ly hace paisajes de empastados cielos, a veces con recuerdos de Derain y de Gauguin. Irene Sánchez Moreno administra muy bien la influencia de Gerhard Richter.
Hay también un paisaje suburbano representado por la diáfana visión de Julen Araluce, por los cezanianos cuadros de Leyre Viñuela y por la luminosa profundidad de Victoria Yanes.
Paisaje propiamente urbano y con figuras es el de Andrés Gil. Alba López Fernández, tiene unas pequeñas pero intensas vistas de la ciudad. Especial atención a la arquitectura prestan Juan José Martínez Cánovas (Medalla de Plata) con su nítida expresión del románico; Francisco Javier Ortega, libre de cualquier estridencia; Gloria Pandís, aérea y vaporosa; Rosario Fernández López se fija en los detalles del edificio; Carmen Sales utiliza con acierto el colage, y Alba Fandiño sigue la tendencia conocida como “P&D” (‘Pattern & Decoration’), tendencia conscientemente ecléctica y netamente femenina. Por último, la pintura de Eva Zaragoza (Medalla de Oro) es la más valiente y avanzada, la más abstraizante y la más alemana.
Y por poco me olvido de ti, Estefanía Martín. Tus paisajes poseen toda la ingrávida belleza del arte oriental; son como fragmentos de un paraíso transparente donde poder refugiarnos de la realidad. Me emociona que Segovia te lo haya inspirado aunque creo que tú ya llevabas ese paraíso en tu corazón.
Pintores pensionados.FUGAZ ENCUENTRO
Exposición de los Pensionados del Palacio de Quintanar en la Alhóndiga
Clausura e inauguración
J. M.
Como es habitual por estas fechas, finalizado el Curso de Paisaje de los pintores pensionados el Palacio de Quintanar, se expone el fruto de su trabajo como testimonio de su esfuerzo, dedicación y arte, y como proyección a la ciudad que les ha acogido durante un mes, donde muchos ciudadanos llegarán a sentir verdadera pasión por alguno de sus cuadros y podrán hacerlo suyo.
El acto de inauguración de la exposición, verdaderamente multitudinario, fue presentado por el director del curso, Ángel Cristóbal y contó con las intervenciones del alcalde de la ciudad y del director de la real Academia de Historia y arte de San Quirce.
Pedro Arahuetes manifestó su satisfacción por la continuidad del curso al cabo de tantos años, y por su vitalidad, ya que se seguirán mejorando las condiciones del Palacio de Quintanar. El Alcalde agradeció la presencia de los artistas entre nosotros y su dedicación a Segovia, los felicitó por su trabajo y dijo que es un orgullo para la ciudad proyectarse hacia el mundo a través de sus cuadros.
El director de San Quirce, Antonio Ruiz, analizó los valores del curso insistiendo en la importancia del intercambio personal y de las relaciones humanas que el curso propicia. Del mismo modo se ha creado también un lazo afectivo entre los pintores y la ciudad, lazo que permanecerá en su corazón y les hará volver a Segovia en más de una ocasión. El primer académico también agradeció la colaboración de las entidades patrocinadoras, a las que citó.
Por último, Pompeyo Martín, coordinador del curso y secretario del jurado, presidido, como viene siendo habitual, por Manuel Parralo, Decano de Bellas Artes. dio lectura al acta que recoge el acuerdo de concesión de las medallas, las cuales se repartieron del siguiente modo: Medalla de Oro para Marta Cotelo Rico, de la Facultad de Bellas Artes de Salamanca; Medalla de plata para Marta Cuezva, de la Universidad Complutense de Madrid; y el bronce para Iker Serrano, de la Universidad del País Vasco.
Seguidamente, se sirvió un animadísimo ágape en la sala superior, donde los amantes del arte tuvieron la oportunidad de debatir sobre la exposición y de conversar con los artistas.
Fugaz encuentro
Jesús Mazariegos
Dice Joaquín Sabina en una canción: “Sabes mejor que yo, que hasta los huesos, sólo calan los besos que no has dado”. Ciertamente, para valorar algo y no cansarse de ello, no hay mejor cosa que gozarlo sólo brevemente, quedarse con ganas de más. Así creo que ocurre con el curso de los pintores pensionados, para ellos mismos, que tienen que separarse cuando empiezan a conocerse, para los que los apenas hemos charlado con tres o cuatro de ellos, comentando alguna peculiaridad de su obra, para los que se acercan precipitadamente a la exposición sin oportunidad de volver, y para quienes llegan demasiado tarde. Esa fugacidad que todo lo envuelve, hace que todo sea más intenso, la contemplación, la amistad, la admiración, el compromiso.
Si he de emitir un juicio crítico sobre las pinturas que con tanta brevedad cuelgan en los muros de la Alhóndiga, ordenaré a los pintores en varios grupos. Los que hacen un paisaje más o menos convencional y correcto, unos con más gracia que otros, sin correr demasiados riesgos: Juan Plata, con vistas urbanas monócromas de gran efecto; Manuel Rodríguez, que alterna la precisión del paisaje urbano con la soltura del campestre; Eva Sánchez, con apreciables paisajes al pastel; Víctor Solana maneja muy bien la luz, lo mismo que Cristina Gutiérrez, de factura más desenvuelta; Eva Cristina Mesas, de optimista colorido fauve a lo Derain; Javier Montserrat, con muy variados registros; Nieves Fernández, con nombre de Galería, cuya pintura, estoy seguro de que saldrá fortalecida de este curso; Mercedes Cruz y Diego Sáez, correctos, dentro de lo convencional, y Sara Alonso, dedicada a los reflejos acuáticos, muy perfilados. Alberto Fernández deja ver su madera de pintor pero hace muy bien en no correr demasiados riesgos, mientras se toma tiempo para demostrar que podría estar en el siguiente grupo.
Hay otros que tampoco parecen arriesgarse demasiado pero que están tocados por la gracia, especialmente dotados para la pintura: Marta Cuezva, pintora tranquila, natural, sin artificios ni efectismo alguno, pintora de una pieza. Ana Leticia Lorenzo, que, en sus cuadros pequeños deja ver su garra expresionista, con rasgos de genialidad. Iker Serrano, con variados recursos en sus cuadros pequeños y cuyos cuadros grandes, tras su aparente inconsistencia, dejan sentir la respiración y el estremecimiento de los edificios. Y Adele Raczkövi, que convierte cualquier motivo en una buena pintura, con una riqueza de colorido que me recuerda a Augusto Macke. Yo diría que los de este grupo casi no necesitan arriesgar.
Entre los que arriesgan, los hay que lo hacen de la forma aparentemente natural, como Marta Cotelo, que administra muy bien el abocetado ‘estilo Carralero’ que es como el sello de la Universidad de Salamanca, y Begoña Ante, magnífica expresionista que se mueve en ese territorio ambiguo situado entre la figuración y la abstracción, con resultados de corte visionario. Gonzalo Rodríguez y Fátima Pantoja son quienes que de forma más natural consiguen hacer un paisaje expresionista, más fuerte y radical el primero, más contenida la segunda. Manuel Moral, muestra una obra muy transvanguardista, donde no faltan atrevimientos y algunas citas de David Salle. Salomé Ortega, fascinada por el esgrafiado, obtiene los mejores resultados cuando inventa su propia red vegetal y pictórica.
Otro grupo lo constituyen los que utilizan un lenguaje muy definido, con antecedentes más o menos claros. Javier Artica ha adaptado, con fortuna, al paisaje castellano, las maneras de su admirado Anselm Kiefer. Rubén Martín de Lucas, amigo de los planos amplios y los colores tenues, hace una pintura muy cerebral, cuya frialdad compensa con aplicación de dripping y collage. Pablo Rubio geometriza la naturaleza con una actitud más constructivista que cubista.
El apartado de los que se complican la vida lo ocupa Fernando Sáez, el cual parece partir de un motivo figurativo o de una red geométrica en fuga, para colgar de ella un manto informalista con predominio de dripping y desembocar en una abstracción completa. Por último, el que va a su bola, Pablo Sebastián Fuentes, parece criado a los pechos de Escher, por sus estructuras geométricas, brillantes, complejas y laberínticas, las cuales, (por acabar con un poco de humor) se me figuran como los dibujos de un manual de instrucciones para armar una fábrica de harinas comprada en IKEA.
Pintores polacos. POLONIA EN SEGOVIA
Crítica de arte
Polonia en Segovia
Geografía de las sensaciones. Pintura. Karol Bak, Iwo Birkenmajer, Renata Bonczar, Raúl Bravo, Michal Cander, Carlos Costa, Mira Skoczek-Wojnicka, Malgorzata Zak y Malgorzata Zerwe. Cartel: Jaime Nieto. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 3 de Mayo.
Jesús Mazariegos
Al amparo y a la espera del 2016, Segovia y la ciudad polaca de Gdansk se proponen intercambiar sensaciones y compartir sensibilidades, con el fin de de conocerse y ampliar su visión del mundo. Pero como las ciudades no son sino un conjunto de personas que viven concentradas en un territorio dotado de determinadas infraestructuras, somos los habitantes de las ciudades quienes hemos de ensanchar ese orificio por el que vemos el mundo, a fin de comprender que el universo se extiende más allá de La Lastrilla, de Hontoria y de Valverde. Y como el viajar es el mejor remedio contra la admiración del propio ombligo, artistas de una y otra ciudad han viajado y han trabajado juntos.
De Segovia a Gdansk fueron Carlos Costa y Raúl Bravo, y ahora nos devuelven la visita cuatro pintoras y tres pintores cuyas obras podemos ver en La Alhóndiga en una exposición muy variada y llena de interés.
En la sala grande, si la recorremos en el sentido de las manillas del reloj, vemos las obras de Michal Cander, paisajes a base de escasas pinceladas que dejan ver el lino del fondo y que se afirman como tales pinceladas autónomas, pero cuyo conjunto la percepción humana percibe como visión de la naturaleza.
Renata Bonczar es una pintora visceral y visionaria cuyas tramas abstractas poseen una fuerza y un poder de evocación admirables, dejando alguna brecha por la que se perciben alusiones a la realidad, en este caso a nuestra ciudad.
La obra de Malgorzata Zerwe es sumamente conceptual, está basada en la utilización de cartas y fotos antiguas cuyo poder de evocación y tono poético crean un ambiente de cierta melancolía.
Mira Skoczek-Wojncka combina los retratos con el paisaje, sumidos ambos en una niebla de texturas y veladuras bajo las que armoniza un sentimiento común, tanto si se trata de recreaciones clásicas de la Historia del arte como si son retratos tal cual.
Un aire misterioso y algo arcaizante tienen las obras de Iwo Birkenmajer, evocando el manierismo visionario de la Corte de Rodolfo II en Praga y la Escuela de Fontainebleau que Rosso Fiorentino fundara al servicio de Francisco I de Francia. Así enlaza a Arcimboldo con el surrealismo, en cuadros de pequeño formato llenos de interés.
Si el pintor anterior, en su aparente arcaísmo me parece tremendamente moderno, la obra de Karol Bak, espectacular y valiosa, sin duda, tiene tantas referencias en la estética vinculada a la música y a la moda, que nos parece haber visto a sus bellísimas mujeres en la portada de algún disco New Age. Sus versiones del Acueducto, más sobrias, están libres de tal contaminación.
Para terminar el recorrido por esta sala, Malgorzata Zak expone un conjunto de obras de formato poligonal que entiendo como evocador del esgrafiado, mientras que cada pieza desarrolla unas formas que podrían aludir a un imaginario origen de este arte del revestimiento.
En la sala central están algunos de los trabajos de Bravo y de Costa, más dibujísticos y coloristas los de aquél y más atmosféricos y abstraizantes los de éste.
Por último, en la sala de la derecha, hay una exposición de carteles que es la imagen misma de la fusión polaco-española. Son obras llenas de fuerza del artista Jaime Nieto, hijo de exiliados españoles, nacido en Toulouse, residente en Polonia y vuelto a España hace unos años.
Pintores pensionados. EL JARDÍN DE EPICURO
Crítica de arte
El jardín de Epicuro
Pintores Pensionados del Curso de Paisaje del Palacio de Quintanar. La Alhóndiga. Hasta el 30 de Agosto. (Exposición paralela en el Palacio de Quintanar, entrada 'Residencia de Estudiantes').
Jesús Mazariegos
Al escribir la crítica de la exposición de los pintores pensionados del Palacio de Quintanar, suelo acordarme de Diderot y sus 'Salones' por aquello de manejar muchos nombres. Y ya que menciono al primer crítico de arte, no está de más recordar su defensa de la subjetividad, a lo que Baudelaire añade que la crítica tiene que ser parcial y apasionada con un punto de vista exclusivo pero que abra el máximo de horizontes.
En aquellos salones que hicieron posible el nacimiento del público artístico, la pared se llenaba de cuadros, habiendo algunos tan altos que pasaban desapercibidos. No es el caso de nuestros pensionados, cuyos cuadros cuelgan en los nobles muros de La Alhóndiga con orden y dignidad. Por eso, aunque sean 28 artistas, quiero decir algo de todos y de cada uno.
Me pregunto qué criterio de clasificación adoptar para que este escrito no se convierta en un rosario de nombres. Puesto que curso y exposición tienen el paisaje como referencia, se me ocurre partir de los dos grupos temáticos, el campestre y urbano, siempre basándonos en las obras expuestas en la Alhóndiga. De los 28 pensionados, 19 cultivan el paisaje urbano y 9 el campestre.
En este segundo grupo, podrían ordenarse por filiación o por líneas de influencia, en los casos en los que se percibe con claridad, lo cual no suele hacer mucha gracia a los pintores porque piensan que se atenta contra su originalidad pero, al fin y al cabo, están en época de tener padre y madre. Así, veo un horizonte fauvista, vía Derain, en la obra de Isabel Martínez, que lo solidifica y lo somete a una disciplina casi constructiva, mientras que Adela Camacho simplifica y geometriza al presunto Derain y pone bordes a las formas, haciéndolas más lisas y planas.
Sofía Campillo y Carlos Manuel Ramos hace un paisaje entre romántico y expresionista, la primera con cierta agitación y misterio y el segundo con eficaces pinceladas independientes en 'A los pies del Alcázar' y un exceso de insistencia y empaste en su catedral nocturna.
Miguel Ángel Salgado se acerca al realismo mágico, tanto en 'Segovia ante el crepúsculo', con un cielo que se come al paisaje, como el 'La turista despistada', que tiene su gracia. Estela López y Alejandro Casanova hacen un paisaje con numerosos precedentes pero sin ninguna filiación clara y con zonas abstraizantes; el de ella arbolado e insistido, muy pictórico; el de él de campo abierto y con grandes planos barridos, sin ningún exceso.
En este grupo, a pesar de ser el menos numeroso están las dos primeras medallas. Alvar Gallardo (plata) encierra mucha intención e ironía; lo suyo es una metapintura en la que se pinta a sí mismo con fuertes recuerdos de Edouard Manet, muy bien administrados. Víctor Alba (oro) ha hecho un tríptico de gran formato, valiente y ambicioso, y aunque recuerda intensamente algunas obras del pintor alemán Anselm Kieffer, es un cuadro original y verdaderamente potente.
El grupo del paisaje urbano, podemos dividirlo entre los que pintan la ciudad y los que pintan jardines, que vienen a ser como la naturaleza ordenada o urbanizada. (Ahí está el título de este escrito para que cada cual lo interprete a su gusto.) El paisaje urbano en sentido estricto, el de edificios, está representado por Marta Aguirre, que hace una pintura muy sutil, con un pie en la abstracción y que recuerda a Manuel H. Mompó. Zaira Barcia inventa una Segovia fantástica, con casas como de cuento, con colores suaves y transparentes. Gema Batanero utiliza colores libres, en plan fauve, pero mucho más ácidos y aplicados con una energía expresionista. Silvia Caixeiro hace calles en fuga, sin sombras y con colores muy claros y planos. Adrián Cortadi pinta fachadas como alzados con una pintura plana pero muy franca, sobre la que aplica trazos de grafito. Sugiere una cierta cercanía con el naïf.
Ana Díaz tiene un aire pop por la repetición de motivos y por las tintas planas que recuerdan la ilustración. Daniel Franca pinta arquitecturas en grandes planos, utilizando astutamente los recursos. Celia Guillén, aunque hace figuración, en algunas zonas del cuadro hay como remotas citas de Ràfols. Lilian Hinojo pinta muros viejos a base de superposiciones, utilizando demasiado la espátula. Jaime Picazo hace una pintura muy auténtica aunque algo convencional. José Sánchez plantea una visión conscientemente descoyuntada de la Plaza Mayor, con un vacío casi metafísico. Xenia Tsalimi pinta muros de edificios y ventanas con un gran poder de síntesis y un aliento poético.
Clemente Martínez dentro de la ciudad, fija su atención en las estatuas, a las que trata con frialdad académica y las aísla del entorno.
Y veamos, por último, a los pintores de jardines, parques y patios. Rayco Márquez recoge los contrastes de luz y sombra y trata brillantemente la geometría de la arquitectura evitando las líneas rectas y consiguiendo una blandura fría y silenciosa, tipo Hopper, vía Gonzalo Sicre. Rocío Motellón y Estefanía Pantoja se mueven bien entre los setos y el sol y sombra, aquélla animándolos con personales toques de luz y ésta más en la tradición de Mir y el jardín catalán.
José Carlos Naranjo ha evocado los patios de su Sevilla a partir de las escasas plantas y de las paredes sin cal ni azulejos de lacería del patio segoviano, tratado, eso sí con la vaporosidad de Carmen Laffón.
Para terminar, dos pintores temáticamente ambiguos. Alba Dalmau, que expone un parque con pilón y un paisaje de campo con la zona inferior abstracta, ambos apacibles, mientras que en el catálogo aparece un originalísimo paisaje urbano expresionista y con visos de catástrofe.
Y termino con Carles Bartolomé, que quedó a un paso de la medalla y que presenta un cuadro magistral de los Jardines de San Agustín y una panorámica que va desde San Lorenzo a San Justo, con La Lastrilla al fondo, incluyendo lo urbano, la naturaleza y las obras suburbanas de Padre Claret, ejecutado a base de pequeñas superficies de color plano, con excelentes resultados. Mucha suerte para ellos y ellas.
E. Sanz, P. Azcárate, I. Rubio, S. Jiménez y L. Huertas. LAS ARTISTAS
Crítica de arte
Las artistas
Eloísa Sanz, Patricia Azcárate, Isabel Rubio, Sel Jiménez y Lucía Huertas. Pintura. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 12 de Marzo.
El idioma siempre expresa más de lo que dice y está cargado de machismo desde sus orígenes. Hay palabras, sin embargo, para confusión de los estudiantes de español, de aspecto femenino por su terminación en ‘a’, como dentista, taxista o artista, que se toman por masculinas y a las que hay que feminizar con el artículo, como ocurre en el título de este escrito.
No obstante, existen multitud de tendencias y actitudes al respecto, no ya entre las propias mujeres sino dentro del movimiento feminista, respecto a la feminidad (ahora mismo no me siento capaz de definirla), a la maternidad o a la equiparación con el hombre (según en qué). Lo mismo cabe decir cuando se habla de la mujer trabajadora entendiendo como tal la que cobra un salario, cuando se habla de la discriminación positiva o de la paridad, no digamos si se trata de la educación sexista, de los concursos de belleza, del ejercicio de la prostitución o de la interrupción del embarazo.
Todo este preámbulo viene de que no sabría decir si tiene o no sentido una exposición en la que sólo participan mujeres, del mismo modo que todo el mundo estaría de acuerdo en que no sería admisible una exposición en la que se excluyera a las artistas de sexo femenino. Y dicho esto, podríamos entrar a ver si existe o no un arte o una pintura femenina. La respuesta parece fácil. Si cuando los pintores son hombres nadie se pregunta si existe o no un arte masculino, lo mismo puede hacerse en esta ocasión. Pero la obra de arte deja traslucir la nacionalidad, la época o el carácter de un artista, teniendo en cuenta que hombres y mujeres somos distintos, no debe extrañar que tal diferencia se haga visible. Así, desde el punto de vista formal, me parece que femenina sería la obra de Isabel Rubio, por su delicadeza, su ligereza (en el buen sentido) y su extrema sensibilidad, que siempre me ha llevado a decir que refleja a su autora. No sabría decir si un hombre sería capaz de utilizar las esponjas con la sensibilidad y la maestría con que lo hace Patricia Azcárate, sólo que recuerdo una exposición de Ives Klein en la que había muchas esponjas azules pero sin enhebrar, y este ‘enhebrar’ con esa especie de imperdibles gigantes, sí que tiene resonancias femeninas.
Si nos fijamos en el tema, ahí está la silueta de un vestido de muñeca recortable -sobre fondo rosa, por cierto- y en menor medida, los dibujos de muestras para bordados, que se ven en las obras de Lucía Huertas.
Las obras de Eloísa Sanz y de Sel Jiménez, la una con su complejidad y por muchas flores que lleve, lo único que proclama es su indiscutible calidad; y la otra, magnífica, es tan dura que no sé si puede parecer propia de un hombre o si es preciso ser mujer para poder producir algo tan intensamente sentido, tan terriblemente expresionista. En fin, dejémoslo así.
Pintores pensionados. LA VIGENCIA DEL PAISAJE
La vigencia del paisaje
Jesús Mazariegos
La historia del arte moderno tiene hitos decisivos como el urinario de Marcel Duchamp, las cajas de Jabón Brillo de Andy Warhol o la Mierda de Artista de Piero Manzoni, hitos todos ellos extrapictóricos. Si se hace referencia específica a la pintura, habría que citar a los impresionistas y postimpresionistas, a Picasso cuando pinta 'Las Señoritas de Aviñón' y cuando pone una rejilla de silla o un papel de periódico en una naturaleza muerta, a Malevich y su cuadrado blanco sobre fondo blanco, a Ives Klein cuando patenta su 'Azul Monócromo, y a los expresionistas abstractos americanos entre otros. En la exposición de los pintores pensionados del Palacio de Quintanar, existen referencias al Postimpresionismo, especialmente en su versión cezaniana y paisajística. Es un referente antiguo paro vigente, pues, del mismo modo que, a medida que nos hacemos mayores, recordamos más la infancia y nos sentimos más marcados por ella, en arte y en política, a medida que nos vamos separando del siglo XX, comprendemos mejor la decisiva importancia de las aportaciones decimonónicas.
A partir de los resultados del Curso de Paisaje, que se presentan en la Alhóndiga trataré de buscar las conexiones con distintos movimientos de la historia de la pintura moderna, que sirvan para ordenar a los 23 pintores que integran el curso.
Algunos se remontan más allá del postimpresionismo y conservan la óptica renacentista enriquecida de diversos modos. José Ávila aporta muy buenos efectos de luz cambiante, vespertina y dorada, o luz blanca de después de la tormenta. Nicolás Caballero, o es menos riguroso o quiere parecer ingenuo. Pilar Vela ha tenido la loable ambición de pretender lo mismo que Donato Bramante en el proyecto de San Pietro in Montorio con el patio redondo, quedándose, como él, en el intento.
Los seguidores del Postimpresionismo, terreno abonado para el paisaje, serían José Castiella, con jardines y estanques umbríos que respiran la melancolía de Santiago Rusiñol; Anabel Juste, que sabe transmitir la sensualidad húmeda de la pintura; Mónica González, con una pincelada 'fauve', jugosa, luminosa y optimista; Noemí Poveda y sus pinares de atmósferas cezanianas bien logradas, y Cristina Ramos, cuyo fauvismo nocturno y urbano se acerca a su paralelo formal, el expresionismo nórdico-germánico
Entre los ingenuos yo situaría los dos pintores africanos y espero que no sean los prejuicios los que e lleven a verlos como artistas que aún no ha perdido la inocencia. La obra de Hampaté Show, muy elaborada, me parece de una concepción pregiotesca, bizantina, y la de Pierre Nikiema con muy distintos registros que denotan un proceso de constante búsqueda.
Los herederos del informalismo y de la primacía de la pintura como materia, serían Ismael Barroso, con una figuración poderosa y gestual; María Ruiz Reales, un volcán en erupción con un gran potencial de autenticidad; María Antonia Blanco, con una abstracción de referencias paisajísticas a escala cósmica; Juan Carlos Cartaxo (Medalla de Bronce), más templado y conceptual y con amplias posibilidades; Jesús Ruiz Bago, con vagas referencias a Joaquín Torres García, a Nicolás de Stäel y a Sean Scully, y con buenos resultados, como de tapiz; y Juan Diego González Izquierdo, concentrado hasta llegar a un geometrismo, que me ha recordado a Richard Diebenkorn.
Los epígonos del Pop, como Jesús Díaz Menárguez y sus parques con personajes ociosos; como Cristóbal González Tabares, Hopper redivivo, con sus mágicas y solitarias gasolineras nocturnas; como José David Romero y sus paisajes urbanos perspectívicos y con tintas planas; como Javier Corzo, con una visión múltiple que incluye la zenital y una realidad un tanto poliédrica, y Miguel González Segovia, que aplica la pintura empastada de factura suelta a los temas urbanos cultivados por los fotorrealistas. La opción de Humberto Loureiro, de meter el Alcázar en un llavero, con la deformación de espejo convexo, tipo autorretrato de Parmigianino, por mucho aparato crítico y conceptual que llevara, no acabaría de convencerme.
Y quedan los que he incluido en el apartado de posmodernos. Paulo Escobar no se limita a utilizar un recurso de Gerhard Richter, sino que lo convierte en una reflexión sobre las relaciones entre pintura y realidad. Juan Antonio Soria (Medalla de Plata), bajo la apariencia convencional y anecdótica de su obra, se descubre una fragmentación que reflexiona sobre los límites del paisaje y de la representación. Por último, Nekane Manrique, Medalla de Oro por unanimidad del Jurado, hace un paisaje de una admirable madurez y limpieza, donde podrían buscarse referencias desde Corot hasta el presente, pero que Nekane hace suyas en una síntesis que no consiste en la aplicación de muchos recursos aprendidos, sino en un estilo propio, brillante y moderno, fruto del trabajo en el aprendizaje, cuando la cabeza que lo rige está especialmente dotada para la pintura.
Ibéricos 98. ABAJO TORDESILLAS
CRÍTICA DE ARTE
¡Abajo Tordesillas!
Pintura y escultura. Ibéricos 98. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 7 de enero.
JESÚS MAZARIEGOS
Ibéricos, el nombre de la exposición que puede verse en La Alhóndiga, trae a la memoria la efímera Sociedad de Artistas Ibéricos cuya primera exposición se celebró en 1925 con la participación de nuestro Emiliano Barral, al lado de Macho, Vázquez Díaz, Alberto, Ferrant, Dalí y Solana, entre otros. El iberismo expresa la aspiración de acercamiento entre España y Portugal, siempre más alejados en cualquier orden que lo que su situación geográfica expresa. ARCO'99 estará dedicado a Portugal, y ahora en Segovia contamos con una joven exposición que hace honor a su título ya que incluye ocho artistas portugueses y cinco españoles. El catálogo, dignísimo por lo demás, abunda en carencias como no dedicar comentarios a los artistas portugueses, utilizar un castellano plagado de errores o ser un ejemplo extremado de lo infiel al original que puede llegar a ser una reproducción en color. Estas cosas contribuyen a vaciar de contenido las solemnes menciones sobre la participación del Servicio de Promoción Cultural de la Junta de Castilla y León. Aunque los artistas sean jóvenes y el catálogo gratis, cuesta casi lo mismo hacerlo bien. Las líneas que, hasta aquí, he robado a los artistas, sea en su desagravio.
En las manifestaciones tridimensionales, Ester Botelho parece ironizar sobre el carácter tradicional de la escultura con un monumental Pé em bronze, como antes hizo César con su Dedo. Carlos Cuenllas se somete a la disciplina que le imponen elementos fabricados, de los que saca partido no sólo espacial sino cromático, combinando el PVC y el cobre. Unai Gabilondo analiza espacios de tránsito muy en la línea del también vasco Pello Irazu.
Entre las propuestas pictóricas, Ana García se sumerge en una reflexión en torno a la cualidad frágil, limitada y caduca del cuerpo humano, participando de la agobiante atmósfera de las obras de Lucien Freud. Fernando Gutiérrez parece buscar la intensidad concentrando en el pequeño formato y la poca luz lo que, a primera vista, pide mayores amplitudes. No así, las obras de Oskar Ranz desarrollan en gran formato una suerte de postminimalismo animado, muy de actualidad, en el que pequeños signos se distribuyen uniformemente sobre un lecho de múltiples capas transparentes, con una sensibilidad que tiene algo del orientalismo de Tobey. Frederik Fannou se mueve entre formas amplias de genuina raíz informalista y las gobierna dotándolas de una cierta estructura geométrica. La pintura de Gil Maia ofrece empastadas superficies de rico y matizado cromatismo. Helder Cunha alterna un decorativismo pseudomural con lo que puede interpretarse como su propia degradación o antíte¬sis.
Miguel Costa simboliza el espíritu ibérico al integrar, en una de sus obras, el tema velazqueño y un tratamiento formal que parece un homenaje a María Helena Vieira da Silva una de las glorias de la pintura portuguesa contemporánea. Las obras conceptuales de Tommasino juegan con mensajes informativos y publicitarios en los que el espectador puede imaginar las posibles relaciones entre la imagen y el texto escrito.
Paulo Nascimento hace gala de un pigmento abundante y fluido, aplicado con notable libertad y sugerente imaginación. Sus derivaciones figurativas hacia fondos marinos o restos de animales, sugiere el recuerdo de Enzo Cucchi, si no fuera porque a veces rompe la unidad pictórica de la obra por el excesivo contraste entre la liquidez del fondo y la dureza del motivo figurativo.
Silvia Guzmán parece la más pintora y con las ideas más claras, no en cuanto a tener ideas rígidas y concretas de lo que debe ser su pintura sino en cuanto mostrar una concepción amplia y decidida, despojada de cauces o preceptos marcados previamente. Desde la abstracción cromáticamente matizada o desde la leve alusión figurativa de sumaria ejecución, demuestra que su pintura no consiste en que lo sencillo parezca dificultoso, sino en hacer que lo difícil se muestre con tal naturalidad y frescura que parezca que surge como de manera natural y sin esfuerzo aparente. A esto Vasari lo llamaba gracia.
Antonio Madrigal y José Orcajo. HUMOR PROCESIONAL y LA PASIÓN DE LLA JUVENTUD.
Crítica de arte
Humor y Pasión
‘Humor procesional’ y ‘La Pasión de la Juventud’. Dibujos humorísticos de Antonio Madrigal y José Orcajo, y pintura y escultura de 16 jóvenes artistas. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 9 de abril.
Jesús Mazariegos
Con la celebración del Centenario de la Procesión de los Pasos, la Junta de Cofradías se ha puesto el mundo por montera, siempre dentro de un orden, y ha promovido dos exposiciones que hace unos años serían impensables. También es cierto que ambos proyectos han hecho palidecer, en algún momento, a los dirigentes de las cofradías, los cuales, desde su conservadurismo, han tenido el coraje de asomarse a la modernidad, y desde su adustez han tenido la gracia de dar entrada al humor. Al fin y al cabo, aunque actúen bajo la vigilancia de la Iglesia, son hombres de este mundo y no se pasan todo el año con el capuchón puesto.
Estas apuestas de la Junta que preside José Luis Huertas, que tienen sus riesgos en las posibles críticas de los recalcitrantes, tienen también la contrapartida positiva de buenos réditos de imagen y acreditan capacidad de comunicación con el resto de la sociedad. Pero, ante todo, son un ejercicio de autocrítica que debiera extenderse a otros ámbitos como, por ejemplo, el musical. Digo esto porque he leído que hay un grupo que ha superado esa música monocorde, bronca y como de ejecución sumaria, propia de nuestros lares y parece que no se aceptan sus florituras.
A la tradición no hay que darle más valor del que tiene. Veamos. Hay un refrán, me imagino que castellano, como suelen ser los refranes en esta bendita tierra, que dice: “Quien a los suyos se parece, honra merece”. Esto presupone que todo el mundo es perfecto, pues si uno tiene un padre maltratador, violador, ladrón o terrorista, digo yo que será mejor no salir a él. No sólo no todo el mundo es perfecto, sino que nadie es perfecto. Y la tradición tampoco. Y el refranero menos. Hay muchas cosas manifiestamente mejorables y para mejorarlas hay que tener menos respeto a la tradición. A mí no me gusta ese aire paramilitar de las bandas musicales de las procesiones. Ni entiendo que hacen los militares en las procesiones, lo mismo que no entendería que estuvieran los profesores, los periodistas, los informáticos o los guarnicioneros. Y aprovecho una vez más, es la tercera vez que lo escribo ¿Qué hace la bandera de España con la cruz de San Andrés en la Virgen que hay en el Acueducto? ¿Es la Virgen patrimonio de la Artillería? ¿Lo es el Acueducto?. Y no me vengan con la tradición que también era tradición quemar herejes y sacudir a las mujeres. Y por lo que se ve, algunas tradiciones, como esta última, merecen la infame honra del refrán.
Aunque lo parezca, no me he desviado un ápice del tema. Soy castellano nacido en el paisaje más adusto, seco, llano y desarbolado de Castilla y no reniego de mi cuna. Pero prefiero lo suave a lo áspero, lo armonioso a lo bronco, lo cadencioso a lo brusco, lo blanco a lo negro, lo alegre a lo triste, lo sensual a lo insensible, lo luminoso a lo oscuro, lo tolerante a lo severo, y (sé que esto me traerá disgustos) las sevillanas a la jota.
Siempre se puede aprender y el humor es la mejor actitud para empezar, porque si uno se ríe de sí mismo, está aceptando su contingencia y sus limitaciones. De modo que la Junta de Cofradías de Segovia, que promueve una exposición que pinta la Pasión de Cristo con la pasión de los artistas jóvenes y que se mira en ese espejo de feria que son los dibujos de Orcajo y Madrigal, que te hacen ver lo deforme que puedes llegar a ser sin dejar de reírte de ti mismo, ha demostrado que sabe que los cien años del centenario no han pasado en balde. Aunque todavía le queda. Como a todos.
Frutos Casado de Lucas. DE TU MIRAR DE SOMBRA, QUIERO LLENAR MI VASO
CRÍTICA DE ARTE
De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso
Frutos Casado de Lucas. Paisaje con Machado. Pintura. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 8 de Mayo
JESÚS MAZARIEGOS
Para ilustrar una novela o un libro de poemas, haciendo alusión a las escenas, pasajes y paisajes que aparecen en el texto, no hace falta ser un gran pintor. Para hacer lo que ha hecho Frutos Casado con los poemas de Machado y además dejar un conjunto de obras de altísima calidad, hay que ser un artista de los pies a la cabeza.
La primera impresión que da la sala grande de la Alhóndiga es homogénea y respira machadianismo en un colorido grave, con predominio de ocres, que podría armonizar con las gamas cromáticas del 98. Escribiré las primeras ideas que me han asaltado ante algunas obras, todas ellas ajenas a la disciplina de la razón y tan subjetivas que podrían no ser compartidas por el lector. O sí.
En los grandes paisajes mesetarios las tierras se ondulan como si sufrieran un oleaje de mar gruesa y se respira un aire épico mientras la vista busca el asidero de un horizonte incierto. En contraposición, la única representación del mar, símbolo de muerte, se expresa en una ola que avanza, poderosa, antes de romper, una ola contenida, ahogada, silenciosa y sin espumas.
En los cuatro cuadros alusivos a 'Desnuda está la tierra', se perciben sucesivamente sensaciones de creación, de erosión, de cataclismo y de catástrofe. Flota aquí la amenazante sombra del desamor, de la guerra, de la enfermedad y de la muerte.
En 'Agua pura y silenciosa que mira cómo te vas', al igual que otros cuadros con representación del agua, los estanques y los ríos en reposo reflejan árboles y montañas pero sin cebarse en los recursos, sin efectismo alguno. Yo diría que las aguas quietas de Frutos reflejan las cosas con la misma discreción con que la lámina de acero bruñido refleja el rostro de la 'Venus del espejo'.
'Soria fronteriza entre la Tierra y la Luna', parece haberse contagiado del paisaje del astro loco para mostrar un campo soriano con una luz límpida y cortante, como sin atmósfera, ciertamente lunar. Aun hay obras más visionarias como la que ilustra los versos a 'Y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto', cuadro tormentoso, crepuscular, casi nocturno, tanto que se me hace goyesco y me recuerda la romería puesta en fuga por el Coloso del miedo.
Frutos Casado es un gran renovador de la acuarela, y así está siendo reconocido e invitado como maestro del género, a centros acuarelistas tan importantes como Gijón, Valencia, Bilbao o Priego de Córdoba.
Faustino Román. SILENCIO, PINTURA
Crítica de arte
Silencio, pintura
Faustino Román. 1921-2006. Exposición-Homenaje. Pintura. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 2 de mayo.
Cuando se hace una exposición-homenaje, procede exaltar las cualidades de la persona homenajeada, especialmente si se trata de un homenaje póstumo. Me gustaría contribuir a llenar la cajita de recuerdos, anécdotas, virtudes y dones de Faustino Román. Desgraciadamente no tuve la fortuna de conocerlo, no sé si por falta de ocasión propicia o por no haber puesto el empeño suficiente. Por lo tanto, no sería honesto repetir aquello en lo que otras plumas más autorizadas están de acuerdo, escribiendo opiniones traídas al hilo de las de sus amigos y de cuantos glosan su figura.
Sólo diré que, de tales opiniones, se desprende que Faustino Román era, para empezar, una buena persona, que es lo más importante que uno puede ser en esta vida. A partir de ahí sólo podría yo hablar de su obra, de las obras que actualmente se exponen en La Alhóndiga, en una exposición que sus compañeros del grupo Aqua han montado con ilusión e emocionado recuerdo.
En este punto siento que voy a caer en el tópico y empezar a escribir lindezas sobre la luz, Castilla, Segovia, los cielos, las lejanías, el color, otra vez la luz, la atmósfera y de nuevo el color. Sería demasiado fácil.
Algo más podría decir de sus impecables y exactas fachadas, de sus puertas y de sus esgrafiados, de los trampantojos de sus pinturas murales, de las calidades de los grises de las piedras y cosas así.
Pero creo que no tengo ningún derecho a romper el silencio de sus campos, de sus calles o de sus fachadas. No romperé el silencio de su descanso. Si ya no puedo escribir para él, en este momento no tiene sentido escribir sobre él para que sólo lo leamos los que, de momento, seguimos aquí.
Lo que verdaderamente siento es respeto, un profundo y silencioso respeto. Y sé muy bien que ni él ni su obra necesitan ahora un vocero sobrevenido que conoce las cosas de oídas y que no añadiría nada sustancial a la comprensión y valoración de su obra ni al recuerdo de su persona. Ahora sólo procede ver su obra y mantener encendida la lámpara de su memoria.
Antinio de Torre, Anonio Tanarro y Rosa Blanco
Crítica de Arte
Elogio de la apariencia
Un año en imágenes. Fotografías del año 2005 en El Norte de Castilla. Antonio de Torre, Antonio Tanarro y Rosa Blanco. La Alhóndiga. Hasta el 22 de Octubre.
Jesús Mazariegos
La apariencia, la ficción, es decir, el arte, la literatura, el cine, la fotografía, no dejan de ser una defensa contra la dura realidad que nos rodea. No cabe duda de que, con frecuencia, se confunden apariencia y realidad. Muchas personas creen que lo que ocurre en el mundo es lo que sale en los periódicos y, sobre todo, lo que se ve en televisión. El que escribe sus memorias piensa que son el espejo de su vida y llega a creerse que ha escrito todo lo que recordaba.
Los fotógrafos de El Norte de Castilla saben que sus fotos no son sino apariencia, que sólo registran determinados instantes de una realidad de la que no pudieron ver todas sus infinitas caras. No obstante, las fotografías de prensa de Antonio de Torre, Antonio Tanarro y Rosa Blanco, están acreditadas como fragmentos de la realidad. Dejémoslo en instantes de la realidad.
Sin embargo, cada vez más, la propia realidad es ficticia. Lo que nos rodea no es sino El Gran Teatro del Mundo, de modo que, siguiendo con Calderón (y con Aute) toda la vida es foto, y los sueños, fotos son.
No pocas de las fotografías que pueden verse en la Alhóndiga hasta el día 22 de octubre, son ficción de la ficción, retratan la representación, el teatro, el mitin, el disfraz, la maqueta, la actuación, el simulacro, el rodaje, el propio acto de retratar.
Como contraste, una foto como la de Rosa Blanco, que presenta al Alcalde a punto de besar a (¿debería decir besarse con?) una alumna del I.E.S. La Albuera, aparenta lo que es y sugiere lo que no es, pero preferimos quedarnos con la falsa apariencia, que es lo que más nos gusta. Esta foto, que no pretende sino reflejar lo oficial, lo protocolario, acaba creando una bella apariencia de realidad, una ficción más de lo ficticio pero con una carga humana de tensión positiva, de sensualidad y de proximidad que hace que toda la ficción sabida y consentida, la hagamos realidad por un momento, como el que se mete en una novela o llora en una película, a sabiendas de que todo es mentira.
Apariencia y disfraz es la imagen del niño con un casco militar, mirando por el visor de un lanzacohetes. En esta foto de Antonio Tanarro, ese niño debe tener una idea épica de las armas y de la guerra, pero, detrás de la ficción épica y de la apariencia de juego, lo que el niño empuña son los mandos de un arma cuya finalidad es matar seres humanos. Quedémonos con la apariencia, como en a foto de Antonio de Torre en la que un niño flota en el aire, no se sabe muy bien si subiendo, bajando o levitando, en una postura de Ascensión o de Asunción de finales del Barroco, por lo menos de Claudio Coello o de Tiépolo, ante la mirada incrédula de su madre y ante la ausente indiferencia de su padre. Y es que, ya se sabe, los padres nunca se enteran de nada.
Pintores pensionados. IGUALES Y DIFERENTE
Crítica de arte
Iguales y diferentes
Pintores pensionados del Palacio de Quintanar. Pintura de 26 jóvenes artistas. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 31 de agosto.
Jesús Mazariegos
Querida Estefanía.- Una vez más me acojo a la forma epistolar porque, ante tu juventud casi adolescente, la carta me permite hablar como más de cerca, como con más compromiso de no caer en formulismos fríos y distantes.
Te escribo a ti porque me pareces frágil y sensible y creo que tu aparente fragilidad representa el perpetuo estado de las cosas. Tu estancia y la de tus compañeros en Segovia y vuestra pintura son una demostración de convivencia en la diversidad, porque procedéis de todas las comunidades y todos sois iguales y diferentes.
Estarás de acuerdo conmigo en que has tenido suerte de venir a Segovia a pintar con un director como Ángel Cristóbal, que no impone sus maneras y no se empeña en enseñar todo lo que sabe; suerte de estar al lado de esa persona tan cercana que es Pompeyo Martín y suerte con el personal del Quintanar.
Una cosa que todos los años me llama la atención, es la gran influencia que algunos profesores ejercen sobre sus alumnos pintores. Un caso extremo es el de la Escuela de Salamanca, patente en la gran semejanza que existe entre las obras de Iris Izquierdo y Magdalena Puente, con grandes superficies empastadas y rayando en la abstracción, muy apreciables por otra parte.
El paisaje de campo y montaña -aquí las ‘marinas’ son únicamente chicas con ese nombre- está representado por Raúl Domínguez Pazo, cuyos pinos están rodeados por una fuerza twombliana. Bárbara Fernández Abad posee la blanda calma neohoperiana de Gonzalo Sicre y Mateo Charris. José Manuel García Perera posee un verdadero poderío pictórico, bien visible su versión de Juan Bravo. Francisco Girbes juega con los formatos y la altura del horizonte. Ángel Luis González lo hace con los troncos y las sombras, en una potente monocromía. Óscar Hernández (Medalla de Bronce), por sus colores oscuros, recuerda a los paisajistas españoles de principios del siglo XX, aunque es mucho más suelto. Alberto Iglesias evoca al último Monet en sus acuáticas visiones de la alameda. Miguel Pang Ly hace paisajes de empastados cielos, a veces con recuerdos de Derain y de Gauguin. Irene Sánchez Moreno administra muy bien la influencia de Gerhard Richter.
Hay también un paisaje suburbano representado por la diáfana visión de Julen Araluce, por los cezanianos cuadros de Leyre Viñuela y por la luminosa profundidad de Victoria Yanes.
Paisaje propiamente urbano y con figuras es el de Andrés Gil. Alba López Fernández, tiene unas pequeñas pero intensas vistas de la ciudad. Especial atención a la arquitectura prestan Juan José Martínez Cánovas (Medalla de Plata) con su nítida expresión del románico; Francisco Javier Ortega, libre de cualquier estridencia; Gloria Pandís, aérea y vaporosa; Rosario Fernández López se fija en los detalles del edificio; Carmen Sales utiliza con acierto el colage, y Alba Fandiño sigue la tendencia conocida como “P&D” (‘Pattern & Decoration’), tendencia conscientemente ecléctica y netamente femenina. Por último, la pintura de Eva Zaragoza (Medalla de Oro) es la más valiente y avanzada, la más abstraizante y la más alemana.
Y por poco me olvido de ti, Estefanía Martín. Tus paisajes poseen toda la ingrávida belleza del arte oriental; son como fragmentos de un paraíso transparente donde poder refugiarnos de la realidad. Me emociona que Segovia te lo haya inspirado aunque creo que tú ya llevabas ese paraíso en tu corazón.
Jorge Peteiro. ET IN ARCADIA PETEIRO
CRÍTICA DE ARTE
Et in Arcadia, Peteiro
(Pintura para todos los públicos)
Pintura. Jorge Peteiro. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 30 de junio
JESÚS MAZARIEGOS
El pintor gallego Jorge Peteiro (A Coruña, 1959) trae, desde Finisterre, la alegría de vivir en forma de luminosos cuadros de variados formatos y en una carpeta de serigrafías de tema Xacobeo. Son obras de una potencia indiscutible y de un optimismo muy de agradecer. Psicólogos y psiquiatras deberían incluir la visita a esta exposición como eficaz terapia alternativa no afectada por el medicamentazo. Deprimidos o aquejados de ansiedad, enfermos crónicos, parados de larga duración, pobres de solemnidad o de reciente incorporación, enamorados no correspondidos, candidatos derrotados, amargados de la vida en general y todos los demás, incluidos los sanos, ricos y felices, podrán zambullirse en la amable sencillez de las formas y en la alegre armonía de los colores de las obras de Jorge Peteiro. Con los niños, que, por regla general prefieren el fútbol a las exposiciones, en este caso el éxito está garantizado para edades comprendidas entre los siete meses y los ciento siete años.
Peteiro, que le ha plantado cara a la cara negra de la existencia, está empeñado en hacer un mundo mejor a fuerza de pintarlo. Por eso extiende sobre el paisaje y sobre las criaturas su mirada limpia, aprendida de los indios de Norteamérica, los mismos con los que convivió Jackson Pollock buscando su camino en los diseños de las telas y en las pinturas de arena.
La aparente sencillez de la pintura de Peteiro tiene tras de sí un largo proceso de reducción y síntesis que excluye cualquier relación con el llamado ingenuismo naïf. Elementos básicos de su lenguaje son la marcada línea, que define contornos y detalles, y los colores vivos, planos y arbitrarios. Peteiro se expresa en un lenguaje rigurosamente contemporáneo y, sin embargo, perfectamente comprensible.
Los referentes formales se remontan al románico, al cubismo y al pop, por citar los más llamativos. Del románico procede la libertad del trazo negro, el cual, por otra parte, viene a ser como el plomo de una vidriera. Del cubismo procede el tratamiento libre del volumen y del espacio, así como la general geometrización de las formas. Los colores son planos, como los del pop y la publicidad, y equivalen a la pasta vítrea de un esmalte cloisoné. Otras referencias habría que buscarlas en el contexto surrealista. De este extenso caldo de cultivo surge un universo personal e inconfundible, un mundo cuya coherencia formal crea el soporte más adecuado para hacer visible su contenido poético.
Ahí están el prado, el árbol y la aldea; el mar, la dársena y los barcos; las tierras de Pedraza y los bosques de Valsaín; los cielos surcados por pipas de bellota en las que Peteiro ha visto fumar a los gnomos. Es un mundo en el que frutas y flores sin catalogar conviven con nubes de festón y con cuerpos celestes nunca vistos por los astrónomos. Peteiro ha construido una nueva Arcadia, un mundo luminoso y habitable, donde hasta las rocas tienen un rostro amable, una pintura capaz de acompañar al solitario y de alegrar al triste, un arte que deja vivir y permite soñar.
Este pintor gallego con algo de mago chamán y algo de druida sanador, con una intención similar a la de Beuys, concibe el arte como un instrumento para curar la melancolía social de la tribu moderna. El artista brujo, psicoterapeuta del espíritu individual y colectivo, consciente de cuáles son las carencias individuales y las necesidades colectivas, ejercita celosamente su misión de ayudar a vivir construyendo alegrías para los ojos y bellas historias para el espíritu. La pintura de Peteiro quiere ser la imagen de un mundo feliz, nos cuenta las cosas que queremos oír y nos enseña aquello que necesitamos ver. Cuanto más gris es la realidad, más necesario es este bello engaño consentido, esta ficción necesaria, esta dulce mentira expresada con las buenas palabras de su pintura. Lo dicho.
Jan Manuel Díaz-Caneja. PLAYA DE MI MEMORIA
Crítica de Arte
Playa de mi memoria
Pintura. Caneja. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 2 de agosto.
Jesús Mazariegos
Juan Manuel Díaz-Caneja (1905-1988), palentino y comunista, que residió en Carabanchel y en Ocaña contra su voluntad, es uno de esos pintores sobrios y silenciosos, no preocupados por el efectismo fácil sino por profundizar en la esencia de una pintura hecha de sencillez. Sus paisajes son de pequeño formato y escueta gama cromática que va de los amarillos pálidos a los ocres y sienas claros, con brevísimos toques azules o malvas en sus reducidos cielos.
Caneja es considerado por muchos como el mejor paisa-jista español contempo-rá-neo. En los años 40 y 50 formó parte de la llamada "Escuela de Madrid" cuya estética general derivaba de las enseñanzas de Daniel Vázquez Díaz y de Benjamín Palencia, y cuyo paisajismo compartía expresio-ni-smo y rigor constructivo. En los años 60 y 70, con el auge del informalis-mo y de la nueva figuración, el pintor permaneció en una cierta marginali-dad hasta que, en 1985, el Ministerio de Cultura le dedica una exposición antológica. Caneja es tan opuesto al concepto conserva-dor del paisaje pintoresco y costum-brista, como expresa-mente hostil a la visión pesimista y desgarrada de los hombres del 98. Y aquí topamos con Castilla.
Huida de la realidad
Frente a la concepción tétrica noventayo-chista, Caneja ve el paisaje castellano como algo delicado, suave y femenino, "como piel de mujer". El paisaje real del que parte, según él mismo declara, es el de "toda la extensión de la Castilla palentina, del Cerrato, de la Tierra de Cam-pos". Pero es un paisaje interiorizado: "Yo no me moví de Madrid. El paisaje surgía de dentro, con toda la fuerza del recuerdo (del tiempo perdido)". Cuando, en el desconcier-to de la posguerra, Caneja se decanta por este género, la elección equivale a una huida de la realidad, "una especie de coartada ante lo que sucedía o lo trágicamente sucedido. Era preciso callar, concentrarse, alejarse".
Este paisaje mesetario, parco en contrastes, ayuno de agua y de vegetación, cuenta con un reducido repertorio de accidentes: los páramos calizos, la alternan-cia de barbechos y rastrojeras, las lomas y las eras, con una ausencia casi absoluta de casas y de árboles. Su tratamiento formal deriva en una fragmentación cubista de aspecto reticular a la que ya se refería Ramón Faraldo en 1957 como cubismo "con aire, humano y respirable", libre de la asepsia propia de los lenguajes geométri-cos. En los años 70 los planos se simplifican hasta acercarse a la abstrac-ción, con amplias formas que recuerdan a las de Pablo Palazuelo, pero sin perder su condición mineral u orgánica. La culminación evolutiva de la obra de Caneja se hace visible en las pinturas de sus últimos años, en las que trabaja con la libertad del viejo y en las que todo se disuelve en puras vibraciones de luz.
El espectador atento podrá contagiarse de la calma y de la armonía porque en estos paisajes no hay lugar para la estridencia ni para el exceso; comprenderá que Caneja, en el fondo, siempre pintó lo mismo sin repetirse, que toda su obra consiste en variaciones sobre un mismo tema. Quienes busquen complacerse con anécdotas curiosas u obtener testimonios de la cultura agraria, quedarán defrauda-dos. El premio es para quienes quieran percibir la infinitud de un paisaje único, para quienes se dejen cegar por un sol que todo lo unifica, para quienes aspiren a escuchar la armonía del cosmos a través de un cuadro, para todos los que busquen el orden secreto de la naturale-za.
Hace sólo treinta años que su amigo y compañero político Blas de Otero escribía para Caneja: "ESPAÑA, / palabra bárbara, raída / como roca por el agua, / sílabas / con sonido de tabla / seca, / playa / de mi memoria, mina / roja del alma, cuándo / abrirás la ventana / a la brisa / del alba".
Pedro Canabal. AMAR LAS ZONAS DE RIESGO
CRÍTICA DE ARTE
Amar las zonas de riesgo
Pintura. Pedro Canabal. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 31 de enero.
JESÚS MAZARIEGOS
La exposición que se inauguró en la Alhóndiga el viernes día 8 es consecuencia de la obtención del Premio de Pintura Ciudad de Segovia, en su edición de 1997, por el joven pintor segoviano Pedro Canabal. Tanto la existencia del premio como el hecho de haber recaído sobre un pintor con un lenguaje verdaderamente contemporáneo, dice mucho a favor de este capítulo del patronazgo municipal en apoyo de la cultura. No obstante, parece que se olvida el acierto del jurado, cuando llegado el momento clave de una exposición individual que va a marcar la trayectoria de un pintor con el nombre indeleble de la Ciudad de Segovia, el mismo organismo que crea, sufraga y promueve el premio, está totalmente ausente del acontecimiento. En las inauguraciones oficiales, aunque sean de exposiciones de pintura, debe haber, si no cinta que cortar, sí breve discurso, y foto, si es que se cree la validez de lo que se promueve. Nunca se vio tanto rubor por salir en la foto, nunca tanta discreción, nunca tanta soledad de un joven pintor portador de un galardón que lleva el nombre de la ciudad y al que no se concede el espaldarazo amable ni la (esta vez lo hubiera sido) oportuna palmadita.
En todo caso, las instituciones y el arte contemporáneo se van acercando inexorablemente. Se empieza por nombrar un jurado que premia a Canabal y, con el tiempo, se pronunciarán entusiastas y encendidos discursos valorando la mancha y la textura, como ya se hace en otros ámbitos de decisión.
El Premio de Pintura Ciudad de Segovia, materializado en el derecho del pintor a exponer en las magníficas salas de La Alhóndiga, cumple perfectamente la función de lo que debe ser un premio en cuanto a servir de apoyo a los jóvenes valores artísticos y como instrumento de renovación de la cultura visual de los ciudadanos. Quienes acudan a ver la exposición de Pedro Canabal, titulada Ama-zzonia, tendrán oportunidad de ver un lenguaje pictórico bronco pero fresco, joven y violento, intenso y lleno de sinceridad. Algunos espectadores recrearán gustosamente la vista como deslizándola por su propio terreno; otros quizás lo consigan después de un saludable primer golpe a su tradicional sensibilidad. En todo caso la pintura de Canabal es una purga para cualquier clase de almibarado amaneramiento y una catarsis para quienes quieran adelantar varias estaciones de un solo golpe.
El pintor ofrece el resultado de su trabajo en el Arco de Santiago y de sus experiencias viajeras norteafricana y americana, especialmente de la segunda. La división de la palabra Amazonia quiere ser el símbolo del amor a las cosas, a la naturaleza, el deseo de comunicar que todas las zonas son susceptibles de nuestra atención, que todos pertenecemos a la misma nación, al planeta Tierra. Y si existe un ámbito poblado mayor, ni siquiera hemos de sentirnos terrestres; es mucho mejor ser universales.
La raíz de Canabal se hunde en esa madre permanente de la pintura moderna que es el expresionismo abstracto americano, con evocaciones de Robert Motherwell. Pero existen otras referencias más actuales como la de ese efímero rompedor de los ochenta neoyorquinos que fue Jean Michel Basquiat. Buenos horizontes para este joven vástago del gran árbol del informalismo, de la abstracción, de la nueva figuración y del graffiti, de la pintura americana de la segunda mitad del siglo XX y de la segoviana de finales del milenio. Hay muchos más horizontes posibles, hay infinitas formas de pintar, pero en la Alhóndiga podemos disfrutar del privilegio de ver auténtica pintura de la que sirve para progresar, con el riesgo de la juventud, con el vértigo de rozar el límite. Ahí está la emoción. Ahí está el valor.
José Bellosillo. LA NOCHE AMERICANA
CRÍTICA DE ARTE
La noche americana
Pintura. José Bellosillo. La Alhóndiga, Segovia. Hasta el el 3 de octubre.
JESÚS MAZARIEGOS
Si el título de la famosa cinta de François Truffaut tiene que ver con el recurso cinemato-gráfico de simular la nocturnidad, al tiempo que simboliza la doble realidad (ficción) de la pelí-cula y de la vida tras las cámaras, la pintura de Bellosillo posee también una dualidad aplicable a múltiples ámbitos, como lo material y lo inmaterial, lo poético-musical y lo plástico-visual, el día-luz y la noche-penumbra, lo europeo y lo americano. Entre la abstracción actual, en la que se integra la obra de Bellosillo, y los mitos americanos de los cincuenta, está el filtro del tiempo y de la experiencia, el filtro que mitiga la luz amarilla y cegadora de Arizona y la convierte en cárdeno crepúsculo soriano.
Más de una vez me he contenido para evitar lo que pudiera parecer una concesión al pro-pio gusto, ante la abundancia de ocasiones en las que la alusión a la pintura americana está indiscutiblemente justificada. Su importancia como madre y origen de todas las abstracciones actuales es algo que no hay más remedio que repetir con frecuencia, sea aludiendo a su núcleo puro (action o field), a la llamada segunda generación, al postpictoricismo o a sus prolongacio-nes minimalistas. Desde los densos contenidos de los orígenes, con sus referencias a lo subli-me explicadas por Adolph Gottlieb, Mark Rothko y Barnett Newman, hasta el mutismo expresi-vo de las últimas manifestaciones, anunciado por Ad Reinhardt, hay un camino lleno de parado-jas, violencias y sutilezas, contradicciones que conviven en ese complejo y sorprendente crisol que es la cultura norteamericana, donde el surrealismo europeo adquiere su más brillante desa-rrollo y se fusiona sin dificultad con aportaciones indígenas y orientales.
La observación de la pintura de José Bellosillo (Madrid, 1945), pintor que tiene algo de monje anacoreta, impone esta reflexión de un modo tanto más evidente cuanto que los tres textos incluidos en el catálogo no apartan su pensamiento del horizonte norteamericano. Esta referencia a una abstracción henchida de contenidos trascendentes, o a aquel hombre herméti-co que fue Clyfford Still, el cual jamás desveló clave alguna sobre el significado de su pintura, armoniza con el carácter sutil, silencioso, espiritual y místico de la obra de Bellosillo.
La exposición abarca la producción de la última década, de cuyos primeros años son los cuadros de sutiles atmósferas nocturnas, cuya máxima tangibilidad reside en las calidades de la trama del lienzo, recordando ciertas obras de Soledad Sevilla. En 1993 se aprecia un cambio hacia una concepción no menos espiritual pero sí más diurna y optimista, con evocaciones pai-sajísticas a través de la percepción poética y subjetiva de la naturaleza, percepción no ajena a la estética oriental ni a la conversión formal de agentes y sensaciones procedentes del ámbito musical.
Si las referencias a Machado acercan al sentimiento melancólico del paisaje y las citas de Blas de Otero afirman la pervivencia del desgarro, ciertos títulos como Brandenburgo o Sosteni-do, hablan de la complacencia en la música, que en el último cuadro citado, no deja de ser una de esas visiones de los sonidos musicales, más o menos alucinadas, que muchas personas ex-perimentan por efecto del sueño u otros estados y que, no sólo en esta obra, guarda un parale-lismo más o menos consciente con la expresión gráfica de la música en las pantallas electróni-cas. La exposición de José Bellosillo desde su informalismo radical, pero también desde su be-lleza formal y cromática, desde su armonía y delicadeza, es un buen motivo para iniciarse o para crecer en caminos pictóricos que exigen entrega pero que prometen recompensa, esta vez con el buen asidero de una explicación in situ para abrir caminos y posibilidades al espectador predispuesto.
Master de Pintura de Salvador de Bahía. ACOGEDORA BAHÍA
Crítica de arte
Acogedora Bahía
Alumnos del Master de Pintura de Salvador de Bahía (Brasil). La Ciudad y el hombre. Exposición itinerante organizada por la Asociación de Afectados de Polio y Síndrome de Post-Polio de Castilla y León. La Alhóndiga. Segovia. Hasta el 22 de Junio.
Jesús Mazariegos
Aunque entre Brasil y Segovia hay una distancia considerable, no es un obstáculo para la solidaridad ni para la generosidad. La actual exposición de la Alhóndiga, que promueve la Asociación de Afectados de Polio y Síndrome de Post-Polio de Castilla y León y cuyas obras se deben a los pintores del Master de Salvador de Bahía, que generosamente las han donado, no sólo demuestra que no hay distancias para la solidaridad, sino que emana un sentimiento de fraternidad y generosidad, que me trae a la memoria otros contactos entre Bahía y España que fueron inmortalizados por los pinceles de Juan Bautista Maino y por la pluma de Lope de Vega.
Uno y otro pintaron y escribieron acerca del mismo acontecimiento: la recuperación, por parte de Don Fadrique de Toledo, de Salvador de Bahía, después de que esta plaza hubiera caído en manos holandesas sin que la guarnición hispano-portuguesa ofreciera resistencia.
El cuadro de Maino se adelanta a los pintores románticos al poner en primer término a las víctimas anónimas de la batalla, acordándose de los que han tenido peor suerte. El tema principal, en segundo término, se refiere a la depuración de responsabilidades de quienes huyeron en lugar de defender la ciudad. Aparece Don Fadrique descubriendo un retrato del rey Felipe IV. La letra la pone Lope de Vega en la obra que escribió para la ocasión, titulada 'El Brasil restituido', donde el capitán español se muestra dispuesto a castigar, pero reflexiona y dice: "Mas porque conozco el pecho / de aquel divino monarca...", y ello le lleva a presuponer el perdón: "Magno Felipe, esta gente / pide perdón por sus yerros. / ¿Quiere vuestra Majestad / que esta vez los perdonemos?"
Si Felipe IV lleva su perdón hasta Bahía a través de su efigie, hoy los jóvenes bahianos hacen llegar a Segovia su solidaridad y su mensaje por medio de sus obras. Hoy, aquí, en La Alhóndiga, no hay nada que perdonar, no siendo las veleidades del destino que reparte la suerte ciega e injustamente, o la indiferencia de algunos para con los más desfavorecidos. Contra esa indiferencia luchan la Asociación de Afectados de Polio y Síndrome de Post-Polio de Castilla y León y los pintores del Master de Salvador de Bahía.
Estos artistas han sido coordinados por la grabadora y profesora de Anatomía Margaritta Lamêgho. No quisiera terminar sin aludir a la calidad y la fuerza de las obras presentadas, casi todas con base figurativa pero con los más diversos lenguajes que van desde el postcubismo hasta diversas formas de expresionismo, en torno a la idea de la integración del hombre en la ciudad. Ante la imposibilidad de citarlos a todos, yo destacaría la fuerza de Lédna Barbeitos y de Nelson Magalhaes, así como la elegancia de María Conceiçao P. Daltro Leal.
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